
Archivo Zubillaga
ADVERTENCIAS
La idea que tuvo el suscrito, hace dos años, de organizar simplemente los documentos conservados por Antonio María Zubillaga con celoso cuidado, que bastante enaltece su memoria, ha ido poco a poco ensanchándose con el entusiasmo de quien acopia estos documentos y los comenta según sus personalísimas impresiones. De tal modo se ha ido aumentando el acopio de papeles que no estaban en poder de Don Antonio María Zubillaga, que ahora éstos sobrepasan en mucho aquellas que promovieren la idea de organizarlos.
Estimulados seguramente por el entusiasmo de quien se ha dado a esa tarea, varias personas caroreñas han contribuido a enriquecer la colección de documentos, que se guardan todos por igual bajo el nombre de Archivo “Zubillaga”. Quizás parezca el nombre un poco estrecho para el intento, pero con él se quiso, desde el principio de este trabajo, honrar la memoria de Don Antonio María, quien, caso raro entre nosotros, conservaba con religiosa acuciosidad algunos documentos familiares y de otras fuentes, con una precisa concepción de lo mucho que vale en la vida moral de hombres y pueblos la conservación de los papeles viejos. Seguirá, pues, este Archivo con su título inicial de “Zubillaga”. Por ahora es, apenas, un esbozo de labor que puede llegar a ser grande con el tiempo. Por ahora también será un Archivo de familia; pero esto no impide que en él puedan copiar y consultar las personas amantes de la historia. Así se escribió desde el principio, como puede verse en una nota de entonces que se leerá más adelante. Con el tiempo, además, este Archivo podría hacerse público, y para tal fin se propone dictar sus disposiciones el suscrito (Las dictó y están registradas en el registro de Carora el 20 de agosto de 1942). Mientras tanto, se suplica guardar estos papeles con celo y amor. Es este trabajo un homenaje al pasado histórico y una prueba de profundo respeto que damos a los que nos antecedieron. Es cosa que no admite discusión el asegurar que una forma de ese respeto profundo al pasado, es el cuidado en conservar, en los papeles escritos que son las huellas del espíritu, el nombre de los que se afanaron por conservar intacto el legado de sus mayores; reformándolo de acuerdo con el carácter original y su potencia creadora, así como propagándolo hacia el futuro evolucionador a modo de intensificar la acción que había de crear otros modos de cultura para la nueva vida. ¿Errores, virtudes, fracasos, aciertos?… Desde luego que todo eso se encontrará en el pasado, de que son los papeles viejos testimonios notorios. No han de faltar tampoco en éstos. Porque tales disímiles accidentes vitales son obra de la lucha, ardida de altas y bajas pasiones, pero que persiguen a la larga como finalidad la impulsión de ideas superiores y el triunfo de la verdad, el Bien, la Justicia y la Belleza, como elementos integrales del porvenir ascendente.
En el Porvenir tiene gran fe la persona que se ha propuesto organizar este Archivo y escribir las Notas que lo ilustran. Sabe él que esta forma angustiosa de vida presente que abochorna a su Patria, y que ha saturado todas las fuentes de la existencia nacional como un tóxico deletéreo, pasará, indudablemente, magüer el pesimismo de los observadores superficiales, y que vendrá otro tiempo en que, reajustándose los verdaderos valores que puedan dar fisonomía verdadera a la cultura intensa del país, se eche entonces mano de un elemento constructivo tan eficaz como es el honor y la eficiencia del pasado. “El Pasado, afirma el noble poeta americano Zorrilla de San Martín, no está detrás de nosotros, como suele creerse, sino adelante. Lo que ha muerto nos precede, no nos sigue”. Y con igual acierto de visión ha afirmado también hace poco el Maestro Unamuno: “Tradición es recuerdo y es pensar en el mañana, pues sin un recuerdo que empuje no se pueden sentir alientos para pensar en el futuro”. Entonces, cuando haya pasado esta ola larga y tremenda de vergüenza; cuando el cuerpo social venezolano reaccione, como sucederá, en virtud de sus propios impulsos buscando la luz de la vida y del honor, que ahora padecen en tinieblas; cuando no sea esta estúpida plebeyez la que nos dirija sino la conciencia ilustrada de los capaces; cuando destruido todo este mundo de vulgaridad espantosa-destruido, despedazado, calcinadose entre a formar del caos un nuevo orden, no sin antes pasar por el necesario drama de una crudelísima Revolución, entonces será que se venga a darle razón a quien rodeado de mil dificultades se ha puesto a esta labor, que ahora sólo merece sonrisas compasivas y miradas piadosas… Desde luego que el autor de ella no cree haber realizado nada que pueda conceptuarse siquiera de medianamente perfecto.
Pero -¡eso sí!- cree que, por el momento, ha salvado del posible o seguro naufragio muchos papeles interesantes; y -sobre todo- cree haber establecido un precedente de organización en el interés de los que vengan a ocuparse de estas cosas trascendentales de la historia y de la Sociología venezolana en mejores tiempos. ¿Que nos los verá el autor? ¡No importa! La muerte no es término sino evolución; mucho más para los que trabajan con la creencia de que trabajando hasta el fin de esta transitoria vida terrestre, se acumula para la otra mayor mérito real, lográndose para la vida sucesiva mayor cantidad de experiencia.
En Carora, doloroso pero necesario es decirlo, no ha habido nunca amor, ni interés, ni respeto por los papeles viejos. Las Colecciones de éstos que en sus casas tenían algunas personas comprensivas han ido al fuego casi siempre… Para tal delito basta con alegarse lo premioso de la desocupación de un mueble o el simple cambio de residencia. Como la justicia entra por casa, es de mencionarse, como caso típico de esa funesta manía que el autor de este apunte ha llamado igneofagia, el de la dolorosa e irreparable pérdida de los papeles del Dr. Ramón Perera. El los guardaba con celo cuidadosísimo en un escaparate. Cuéntase que había allí muchos escritos inéditos suyos, así como su correspondencia con hombres notables de su época, entre los cuales se citan con orgullo las cartas cordialísimas de Juan Vicente González. Sin embargo, una vez se necesitó el mueble, y sin pensar en usarlo, pero sustituyéndolo, lo más cómodo pareció hacer una pira con los papeles. El caso, por otra parte, ha sido frecuente y aún se repite… Por supuesto que tal procedimiento debe reputarse como una falla moral, característica de cierto estado de deficiencia mental. Que puede corregirse desde luego, sobre todo cuando nuestra vida de espíritu tenga amplia cultura y generoso estímulo… Mientras tanto no sea así, las gentes, en su malicia presente, se olvidarán del pasado, y los papeles que lo acreditan seguirán siendo pasto de las llamas implacables.
¡Pero se espera que éstos del Archivo Zubillaga no corran esa suerte! Se espera que los cuidarán nuestros sucedáneos con celo y amor -en todo caso- como consecuencia de respeto a una acción que quiso ser útil a su tierra chica y a su Patria Grande.
CECILIO ZUBILLAGA PERERA
Marzo 30 de 1933.